El parlamento de los que no tenemos voz

Desnudo de los hábitos que habitualmente solemos lucir
para ocultar el miedo que nos provoca la rutina diaria
de vivir con los bolsillos vacíos a mitad de mes,
Hoy he comparecido a petición propia en la sesión plenaria
del parlamento de la soledad que acoge en su seno
a los que no tenemos voz, ni avales bancarios...
Con cierta solemnidad ensayada en las curvas ocultas
de un libreto que no existe, he presentado una enmienda
de totalidad, a las leyes (aprobadas por decretos) que rigen
desnudas de sentimientos el destino de los hombres.
He denunciado (con todos los bancos vacíos) la precaria
participación que tenemos la mayoría de los ciudadanos
dentro del marco democrático,
que imponen a golpes de mentiras y falsas promesas,
los que escondidos detrás de una sonrisa, cada mañana
estrenan un traje nuevo y una nueva forma de esclavizar
a la humanidad.
La enmienda fue rechazada por falta de quórum...
Y de maletines en los despachos.



