La mirada timida de la vejez
LA MIRADA TIMIDA DE LA VEJEZ

Caminando sin frenos por la pendiente inclinada
que me lleva como tirado con una honda
a la tímida mirada de la vejez, mis manos torpes
y vacías sujetan el perfil de un autorretrato descolorido
como queriendo parar el tiempo y saborear sorbo
a sorbo, la efímera juventud
que nos concede el incierto manantial de la vida.
Ya no me quedan risas que alegren mis tardes
dormidas en los brazo de la soledad y mi silueta
ayer viril, hoy se refleja en los cristales del alma
como un clavel desojado donde mi orgullo escondido
detrás de una sonrisa, se abraza desesperado
a los volantes de una esperanza y se pierde
por los callejones de tus besos, deshojando un calendario,
sin fechas ni santoral que lo recuerde.



