Hojas de un mismo arbol
Todos somos hojas de un mismo árbol.
Latidos de un mismo corazón que late
a golpes perfectos de sangre, a un suspiro
por segundo.
Hojas caducas que en otoño caen en el abandono
preciso del sueño, empujadas brutalmente
por los brazos desnudos del olvido.
Esquelas luctuosas
perfectamente enmarcadas en el archivo
electrónico de un periódico de pueblo.
Viento que nace en el ombligo del sur
condenado a no levantar el vuelo
y que cada tarde oculto
entre las sombras de la anorexia, se pierde
en las esquinas de un llanto pasajero.

